domingo, 13 de marzo de 2011

60.000 alemanes protestan contra la energía nuclear

Merkel anuncia que su Gobierno revisará la seguridad de las centrales


La amenaza de un desastre nuclear en Fukushima movilizó este sábado a decenas de miles de alemanes, que salieron a la calle a protestar contra la política energética del Gobierno. La coalición de centro-derecha de la canciller Angela Merkel aprobó en 2010 la prolongación de la vida útil de las centrales nucleares. En Baden-Württemberg, unos 60.000 manifestantes formaron una cadena humana entre la central nuclear de Neckarwestheim y la capital del land, Stuttgart, coreando lemas antinucleares y pidiendo la desconexión de las 17 centrales atómicas. El de Neckarwestheim es uno de los reactores más viejos aún en uso en Alemania.

Merkel aseguró poco después que su Gobierno "revisará" la seguridad en todas las centrales nucleares alemanas y añadió que "lo sucedido en un país con tan altos estándares de seguridad" como Japón supone "un punto de inflexión en todo el mundo". No obstante, volvió a defender el uso de la energía atómica como "tecnología de transición".

La canciller democristiana (CDU) se había reunido en Berlín con el ministro de Exteriores y líder liberal, Guido Westerwelle (FDP), con el que pactó hace unos meses prolongar el recurso a la energía atómica en el país. De media, estas podrán funcionar 12 años más de lo previsto por la anterior coalición de socialdemócratas (SPD) y verdes en su ley de desconexión de 2002. Ha sido una de las medidas más polémicas adoptadas por Merkel en sus seis años como canciller.

El fantasma de Chernóbil ronda entre la opinión pública alemana desde que su nube radioactiva alcanzó el país hace 25 años. Impulsó al partido Los Verdes, cuyos líderes, otrora radicales contestatarios, pasaban en aquellos años a convertirse en ministrables.

La ley del apagón nuclear de 2002, que preveía sacar a todas las centrales de la red hacia 2021, fue uno de los hijos predilectos del entonces canciller Gerhard Schröder (SPD) y su ministro de Exteriores, el popular dirigente verde Joschka Fischer. Consciente de que dos terceras partes de los alemanes son contrarios al uso de la energía nuclear, el SPD dio el Gobierno a Merkel en 2005 bajo la condición de que se respetara la desconexión nuclear. Tras el fin de la gran coalición entre SPD y CDU, con la victoria electoral de la canciller en 2009, la CDU y el FDP aumentaron, en algunos casos por varias décadas, la vida de las centrales alemanas. Según decidan los empresas eléctricas, algunas centrales podrían llega a funcionar incluso pasado 2040.

El ministro de Medio Ambiente, Norbert Röttgen (CDU), dijo que tiende "a pensar que se ha fundido el núcleo" en la central japonesa. En las regionales del próximo día 27, democristianos y liberales podrían pagar en las urnas de Baden Württemberg la impopular medida aprobada en 2010. Las encuestas dan un empate entre centro-izquierda y el tándem CDU-liberales. Pero eso era hace unos días, y la capacidad de movilización de los grupos antinucleares quedó demostrada una vez más.

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De nuevo, el pánico nuclear












El temor al estallido del reactor de Fukushima I llevó a los japoneses a encerrarse en sus casas - Más de 10.000 militares se han desplazado a la zona de la central


Japón vivió ayer uno de los días más angustiosos de su historia. El único país castigado con dos explosiones atómicas -Hiroshima y Nagasaki, en 1945- temió durante largas horas que una nueva catástrofe nuclear, esta vez motivada por la furia de la naturaleza, volviera a ensañarse con su pueblo.

Japón vivió ayer uno de los días más angustiosos de su historia. El único país castigado con dos explosiones atómicas -Hiroshima y Nagasaki, en 1945 - temió durante largas horas que una nueva catástrofe nuclear, esta vez motivada por la furia de la naturaleza, volviera a ensañarse con su pueblo. Poco después del mediodía, un estallido en la central nuclear de Fukushima desencadenó un incendio y una enorme nube blanca envolvió el entorno, desatando los peores augurios. La gente temía que hubiera estallado el reactor nuclear número 1, que había resultado dañado por el terremoto que sacudió Japón el viernes . El portavoz gubernamental, Yukio Edano, aseguró que la explosión no ocurrió en el reactor y pidió calma a una población aterrada, que vació los supermercados ante la eventualidad de tener que quedarse encerrada en sus casas.

El pánico se adueñó de los 130 millones de japoneses. Tokio parecía anoche una ciudad fantasma con todos sus habitantes pegados a los televisores. Edano, ministro secretario del Gobierno, convocó a media tarde con toda urgencia una conferencia de prensa para insistir en que la operadora de la central, la Compañía Eléctrica de Tokio, le había confirmado que el contenedor de acero del reactor está intacto, pese a que el edificio que lo albergaba fue destruido por la explosión.

Cuatro personas, dos operarios de la planta y otros dos técnicos que habían acudido a solucionar los problemas causados por el terremoto, resultaron heridas en el derrumbe y posterior incendio. Los cuatro están hospitalizados. Sufrieron distintas roturas y contusiones pero no se sabe aún si están muy afectadas por la radiación. Las fuentes hospitalarias solo dijeron que su vida no corre peligro.

Aunque las autoridades tratan de restar importancia a la explosión, han tomado medidas severas de seguridad. El Gobierno declaró el viernes el estado de emergencia en cinco reactores nucleares de las dos centrales de Fukushima después de que el seísmo dañara el sistema de refrigeración de las plantas. Ayer por la tarde, fue duplicada la zona de exclusión de la población local hasta un radio de 20 kilómetros alrededor de las dos centrales. Esto ha supuesto la evacuación de más de 200.000 personas.

El Ejército ha tomado la zona bajo su control y más de 10.000 militares ataviados con trajes antirradiactivos se han desplazado al lugar, al que no se permite el acceso a nadie, ni siquiera a los medios de comunicación. En total, el Gobierno ha movilizado a 50.000 soldados tanto para Fukushima como para colaborar en las tareas de rescate en las ciudades y pueblos destrozadas por el tsunami posterior al seísmo.

Este es el peor accidente nuclear desde la catástrofe de Chernóbil (Ucrania) en 1986, en que el sobrecalentamiento provocó la explosión de uno de los cuatro reactores de esa central, lo que lanzó a la atmósfera una nube tóxica 500 veces mayor que la de la bomba de Hiroshima. Aunque en un primer momento solo murieron 36 personas, se estima que las víctimas mortales entre las más de 100.000 personas que la Unión Soviética envió a Chernóbil para limpiarla de radiación ascienden a varios miles. Algunos medios ucranios cifran en 25.000 los muertos a consecuencia de la radiación. Desde entonces, los japoneses, muy dependientes de la energía nuclear, temen que uno de sus frecuentes seísmos pueda provocar otra hecatombe.

Las imágenes transmitidas por algunas cadenas de televisión japonesas en las que pueden verse las paredes destruidas del edificio que guardaba el reactor y cómo ha quedado al aire el cuerpo de metal que encierra el núcleo, han puesto los pelos de punta a millones de japoneses. Además, han transmitido imágenes de la nube de humo desatada por la explosión, que se percibía a más de 20 kilómetros de distancia.

Todos los trenes que van desde Tokio hacia el noreste están paralizados. Hoy se espera que se reanude el Shinkanshen (el tren bala) desde Tokio hacia el noroeste, pero no se sabe cuándo será posible restablecer las conexiones con el noreste, que es la zona más afectada por el seísmo, el tsunami y las fugas radiactivas. Según la agencia Kyodo, la compañía de ferrocarriles perdió contacto el viernes con cuatro trenes que se desplazaban cerca de la costa cuando ocurrió el tsunami y anoche aún no sabía qué había pasado con todas las personas que se encontraba a bordo. La magnitud del terremoto es tal que 36 horas después seguían sin saberse las pérdidas humanas, que se teme asciendan a miles, ni se habían evaluado los daños.

Cuando el viernes el sistema de refrigeración de las centrales de Fukushima resultó dañado por el seísmo, los reactores fueron apagados de inmediato, pero no se consiguió bajar la temperatura interior de estos. Además, la aparición de sustancias radiactivas en los alrededores, detectadas ayer, llevó a las autoridades a reconocer que había indicios de que el núcleo del reactor número 1 podía haber comenzado a fundirse. En el entorno de la central la radiación detectada ayer era mil veces superior a la normal, aunque los portavoces oficiales indicaron que no representaba un riesgo mortal. Estimaron que es la radiación que recibe una persona en un año.

El miedo se hizo evidente y hasta bien entrada la noche, la mayoría de los habitantes de Honshu, la principal isla de Japón y en cuyo tercio norte se encuentra Fukushima, contuvieron la respiración.

Anoche, la información de que la operadora de la central había logrado reducir la presión en los reactores, unida a las de las autoridades, tanto locales como nacionales, sobre que había sido revisado el lugar del estallido y que no parecía probable la explosión del reactor, calmaron los ánimos de la gente. Muchos japoneses, agotados por los nervios y porque la noche anterior la pasaron en blanco, se dejaron rendir por el sueño. Además, los medios japoneses advirtieron que el cierre de Fukushima podía suponer cortes en el suministro a Tokio y que se cortaría la electricidad tres horas por la noche si se veía que no tenían suficiente.

La Compañía Eléctrica de Tokio ha advertido que al bajar la presión en los reactores pueden elevarse los niveles de radiación de la planta, ya que la despresurización desprende un vapor que contiene material radiactivo. Aunque es evidente que el nivel de radiactividad preocupa, solo saber que la explosión del reactor es menos probable ha tranquilizado a la población. Además, tanto la compañía como los portavoces de la Agencia para la Seguridad Nuclear e Industrial insisten en que esa radiación no supone un riesgo inmediato para la salud.

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El Gobierno cree que se ha iniciado el proceso de fusión del núcleo en dos reactores de Fukushima

Este sería el peor escenario posible dentro de la emergencia nuclear.- El reactor 3 de la central japonesa sufre fallos similares a los registrados ayer en el reactor 1, que podría volver a sufrir una nueva explosión.- Hasta 160 personas pueden haberse visto expuestas a la radiación, que sobrepasa los límites de seguridad


Japón, modelo de país nuclear, ejemplo de uso de tecnología atómica incluso en la peor zona sísmica del planeta, vive días de pesadilla pendiente de la central de Fukushima I, a 240 kilómetros de Tokio. La situación parece complicarse por momentos.

El Gobierno japonés ha advertido de que existe el riesgo de que produzca una nueva explosión similar a la de ayer en la planta nuclear aunque ha insisitido en que no espera que dañe a ningún reactor. En rueda de prensa, el ministro portavoz, Yukio Edano, ha indicado que el reactor número 3 de la planta sufre problemas en su sistema de refrigeración y que, aunque parte de su núcleo podría "deformarse", eso no equivale a una "fusión". Edano ha explicado que existe la posibilidad de que se produzca una explosión en el recipiente de contención secundario del reactor 3 debido a una acumulación de hidrógeno, como ocurrió ayer en el reactor 1, pero ha insisitido en que lo previsible es que no cause daños graves.

Desde esta madrugada los equipos de emergencia tratan de enfriar la central mediante la inyección de agua de mar. El reactor 3 ha empezado a dar problemas al verse afectado por la misma avería que ayer provocó una explosión en el número 1. Poco antes, la operadora de la central informaba de que el reactor 3 está emitiendo radiación por encima del límite de seguridad y que existe una "situación de emergencia" porque el nivel de agua ha descendido hasta dejar al descubierto tres metros de barras de combustible. El Gobierno asegura que no hay peligro para los ciudadanos.

Tras el terremoto y el tsunami del viernes, la nuclear perdió ayer el sistema de refrigeración y durante más de 24 horas liberó al exterior gases radiactivos para reducir la presión en el interior y evitar un desastre aún mayor. La agencia japonesa de seguridad nuclear calificó el accidente como nivel 4 en la escala de sucesos atómicos (INES, que va de 0 a 7). Esto lo convierte en el peor siniestro atómico desde Chernóbil -en 1986 y calificado como nivel 7- y en el quinto peor incidente civil de la historia.

Los expertos consultados no descartan que se pudiera fundir el núcleo de la nuclear, pero la evolución es incierta y la información, imprecisa. Yukio Edano ha explicado que los trabajos siguen su curso a través de la liberación de vapor y el suministro de agua. "Estamos haciendo las dos cosas a la vez, ventilando de aire los reactores y suministrando agua a los mismos", ha señalado.

Fukushima no es Chernóbil -al menos hasta ahora-, pero sí lo más parecido que ha habido a Three Mile Island, el accidente de 1979 en Harrisburg (Pensilvania, EE UU). Este fue un nivel 5 en la escala INES, "accidente con consecuencias amplias". Entonces la central perdió el sistema de refrigeración y el uranio del núcleo se fundió. El incidente frenó durante más de 30 años la construcción de nucleares en EE UU.

Japón tiene 54 nucleares en 18 emplazamientos que suman 47.000 megavatios de potencia instalada. La atómica supuso el año pasado el 29% de la electricidad del país. En España, con 7.728 megavatios nucleares instalados, ese porcentaje es del 21%.

Lucha contra reloj

El terremoto del viernes, con una intensidad que esta madrugada (hora española) Japón ha revisado al alza hasta una mganitud 9 en la escala de Richter, fue demasiado para la central de Fukushima I, propiedad de Tokio Electric Power (Tepco) y cuyo primer reactor abrió en 1971. Los reactores 1, 2, y 3 pararon automáticamente con el seísmo. Los otros tres del enorme complejo atómico en la costa estaban en tareas de mantenimiento.

Al caerse el sistema eléctrico, se apagó también el sistema de refrigeración de la central. En una nuclear hay que sacar calor continuamente del reactor, lo que se consigue con varios sistemas de circulación de agua. Tras el seísmo, se pusieron en marcha los generadores diésel de emergencia -suele haber cuatro por planta- para bombear agua a la refrigeración. Pero una hora después llegó el tsunami e inutilizó también la refrigeración de emergencia.

Una central nuclear es como una muñeca rusa: la vasija del reactor, de metal, está rodeada por el edificio de contención -con muros de hormigón y acero-, que, a su vez, está recubierto por el edificio del reactor, en este caso un cubo de cemento.

Con una refrigeración precaria, "dentro del núcleo empezó a subir la presión" por la acumulación de gases radiactivos, según explicó el físico nuclear Manuel Fernández Ordóñez. La central comenzó a abrir válvulas de alivio para soltar gases a la contención. "Por hacer una analogía sencilla, imaginemos que el núcleo del reactor es como una olla exprés. Si sube mucho la presión hay que abrir la válvula, lo que libera gases hacia la cocina, que es el edificio de la contención, pero no hacia el exterior", señaló Fernández Ordóñez.

Aun así, la presión en el edificio de la contención siguió subiendo. "La contención está a menor presión que el exterior para que, si hay una grieta, no salga nada hacia afuera. La presión normal dentro es de 400 kilopascales y en el exterior es de 1.000. En la central la presión subió hacia 600 y luego a 850. Entonces decidieron abrir y sacar hacia el exterior el gas contaminado. Se filtra pero siempre sale vapor radiactivo".

Las autoridades japonesas primero ordenaron evacuar las poblaciones en un radio de tres kilómetros de la central, luego de 10 y finalmente de 20 kilómetros. Los medidores de radiación en el exterior reflejaron el vertido. A las cuatro de la mañana (hora japonesa) el exterior registraba una radiación natural de 0,07 microsievert por hora. A las 15.29, la medición era de 1.015 microsievert/hora, 14.500 veces más, y de ahí empezó a decaer. A las diez y media de la mañana de este domingo (dos y media de la madrugada en la península española), la operadora de la central informó a la agencia Kyodo de que el reactor número 3 había empezado a emitir radiación por encima de los niveles de seguridad, hasta alcanzar los 882 microsiervert por hora.

Explosión fatal

Si la información que llegaba desde Fukushima era confusa todo empeoró a las 15.36 (las 07.36 hora peninsular española), cuando una explosión sacudió la planta y el humo se divisó a kilómetros. El espectro de Chernóbil recorrió el planeta. La agencia japonesa de seguridad nuclear (NISA) aseguró posteriormente que la explosión no había afectado al edificio de la contención, aunque sí se había llevado parte del techo y de la pared del edificio del reactor. Japón atribuyó la explosión a que parte del hidrógeno liberado había explotado. En un primer balance, la Agencia Internacional de la Energía Atómica ha anunciado que un técnico ha fallecido y otras 11 personas han resultado heridas tras la explosión en la central de Fukushima I. Citando autoridades japonesas, la agencia especifica que un técnico falleció y cuatro resultaron heridos en un accidente con una grua.

Durante horas se sucedieron informaciones imprecisas sobre la refrigeración, que si Tepco la había conseguido conectar, que si se había apagado... El director de Protección Radiológica del Consejo de Seguridad Nuclear (CSN), Juan Carlos Lentijo, resumió por la tarde: "La situación es precaria pero la central está aguantando. Eso sí, tienen que conseguir refrigerarlo o se puede descontrolar". Lentijo justificó los vertidos radiactivos: "Es mejor una descarga por poco agradable que sea a tener una rotura dramática".

Cinco horas después de la explosión, las autoridades japonesas intentaron una opción a la desesperada: refrigerar la nuclear directamente con agua de mar y ácido bórico, una sustancia que absorbe neutrones.

El portavoz del Gobierno japonés, Yukio Edano, afirmó que este era un método "sin precedentes" y anunció que se estaban preparando para repartir yodo entre la población. "El yodo es una medida de protección de emergencia ante una posible nube radiactiva, que lleva yodo. El yodo satura la glándula tiroides y evita que actúe el yodo radiactivo", señaló Lentijo. La agencia Kyodo informó de que había tres personas hospitalizadas que habían recibido altas dosis de radiación. Según NISA, el número de personas expuestas a la radiación en Fukushima I podría ser de entre 70 y 160.

Los expertos advirtieron de que si Japón no conseguía refrigerar la central podría sufrir una fusión de núcleo. Si el reactor se queda sin agua, el uranio que utiliza como combustible se funde en una especie de magma, como ocurrió en EE UU en 1979. Si el edificio de contención fallase las consecuencias serían mucho más trágicas. La presidenta del Foro Nuclear, María Teresa Domínguez, admitió que la fusión del núcleo era posible, pero recalcó: "Lo más importante es que no se dañe la contención".

Críticas a la energía atómica

Aparte de las implicaciones en Japón, el accidente de Fukushima afectará previsiblemente a la industria nuclear en el mundo. Con el recuerdo de Chernóbil desvaneciéndose, el lobby nuclear estaba consiguiendo hacer virar a la opinión pública a favor de la opción nuclear como una forma de reducir la dependencia del petróleo. Domínguez rechazó que vaya a afectar al futuro: "En una catástrofe sin precedentes la central ha funcionado perfectamente. Lo que ha fallado lo ha hecho según lo previsto". Otra fuente del sector utilizó otro argumento: "También se han perdido trenes en el tsunami y a nadie se le ocurre que afecte al transporte ferroviario".

Los ecologistas sí cargaron contra la energía atómica. Jan Beranek, jefe de la campaña nuclear de Greenpeace, resumió: "La industria dice que estos sucesos no pueden ocurrir en reactores modernos (...), pero la energía nuclear es vulnerable a la combinación potencialmente mortal de un error humano, fallos de diseño y desastres naturales".

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viernes, 11 de marzo de 2011

Terremoto y principales réplicas en Japón


Japón sufre el terremoto de mayor magnitud en 140 años

El fuerte temblor, de 8,9 grados, ha provocado cientos de muertos en la prefectura de Miyagi, según la policía.- Un incendio en un reactor nuclear del norte del país obliga al Gobierno a declarar el estado de "emergencia nuclear".- El Gobierno advierte de que hay una cifra "extremadamente alta" de víctimas.


Un devastador terremoto de 8,9 grados en la escala de Richter, el de mayor magnitud vivido en Japón desde que hay registros, ha sacudido la costa noreste del país provocando cientos de muertos y desaparecidos. El Gobierno nipón, a través de su portavoz Yukio Edano, ha advertido de que el terremoto ha causado un número "extremadamente alto" de víctimas y ha pedido a la población que esté preparada para nuevas réplicas de gran intensidad.
El fuerte movimiento sísmico, cuyo epicentro se ha localizado en el océano Pacífico a unos 100 kilómetros de la costa, ha desatado un tsunami con olas de hasta 10 metros que ha arrasado cuanto ha encontrado a su paso en algunas regiones del este del país. Aunque el último recuento oficial de víctimas es de 137 fallecidos, se espera que la cifra suba en las próximas horas ante el gran número de personas desaparecidas. La policía de la prefectura de Miyagi asegura que hay entre 200 y 300 cadáveres solo en una playa de la ciudad de Sendai, una de las áreas más afectadas, y las autoridades temen que un tren de pasajeros del que no se sabe nada resultara engullido por el mar. Alrededor de cuatro millones de hogares están sin electricidad en seis provincias, mientras se suceden las escenas de incendios en numerosas viviendas e instalaciones industriales. El fuego ha afectado a las centrales nucleares de Onagawa y Fukushima-Daiichi. Aunque el Gobierno asegura que no ha habido fugas, se ha declarado el estado de "emergencia de energía nuclear" porque en esta última había problemas para enfriar un reactor.
Con el temblor, 11 centrales nucleares han detenido automáticamente su actividad, siguiendo el protocolo de seguridad. Las autoridades japonesas han informado al Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA) de esas interrupciones "sin que se haya detectado ninguna fuga radiactiva". Sin embargo, miles de personas (3.000 y 6.000, según diversas fuentes) han sido evacuadas de los alrededores de la central de Fukushima-Daiichi. El problema allí es que con el fallo eléctrico no se conseguía bombear agua para enfriar el reactor, lo que ha obligado al Ejecutivo de Naoto Kan a declarar el estado de "emergencia de energía nuclear". El problema ha sido solucionado transportando generadores eléctricos y en estos momentos ya se está bombeando agua, según informa el OIEA.
Los fuegos en algunas centrales nucleares no han sido ninguna excepción. Según la agencia Kyodo, ha habido al menos 97 incendios en todo el país y, con la llegada de la noche, las imágenes de televisión han mostrado nítidamente numerosos fuegos entre la maraña de escombros, coches y viviendas semiderruidas que han dejado el temblor y el tsunami en la costa noreste.
"Todo se ha agitado violentamente en mi habitación", ha comentado a EL PAÍS Javier Izaguirre, un estudiante español residente en Tokio. "Los escalones se movían violentamente de un lado a otro, se abrían grietas a lo largo de las escaleras y caían pequeños cascotes", ha relatado igualmente a EL PAÍS Paco Pinillos, un español residente en Madrid que se encuentra de viaje por Japón, y que en el momento del fuerte seísmo se encontraba en el metro. El Gobierno español ha informado de que hay tres españoles (al principio se dijo cuatro, pero la cifra ha sido rebajada luego) que estaban en la zona que más ha sufrido el temblor y que aún no han sido localizados.
El hipocentro de este seísmo estuvo a una profundidad de 24 kilómetros bajo el océano Pacífico, a 130 kilómetros de la península de Ojika, en la misma zona donde hace dos días ocurrió otro terremoto de 7,3 grados que no causó daños. El temblor ocurrió a las 14.46 hora local (las 6.46, hora peninsular española) y alcanzó el máximo de 7 grados en la escala japonesa, que se centra en las zonas afectadas más que en la intensidad del temblor. Según el Servicio Geológico de Estados Unidos, uno de los de referencia a nivel mundial, el seísmo alcanzó una magnitud de 8,9 en la escala de Richter, el mayor registrado en Japón desde que se iniciaran las mediciones hace 140 años.
El primer ministro, Naoto Kan, ha calificado de "graves" los daños causados por el temblor, en una comparecencia pública tras el seísmo. Además, ha anunciado la celebración de un consejo de Ministros extraordinario para hoy mismo. Kan ha pedido calma a la población, ha asegurado que su Administración hará "todos los esfuerzos para minimizar los daños", y ha anunciado la creación de un grupo de trabajo de emergencia para gestionar la situación. El portavoz del Gobierno, Yukio Edano, ha dicho por su parte que el Ejecutivo se está comportando bajo la suposición de que éste ha sido el peor terremoto de la historia de Japón. Edano también ha pedido a la población a mantenerse alerta ante las numerosas réplicas y por el tsunami provocado por el temblor, que ha llevado a ordenar la evacuación en las zonas costeras en riesgo. El Gobierno ha pedido ayuda a las tropas estadounidenses basadas en el archipiélago para transportar material de socorro a los lugares más afectados por el terremoto y el tsunami, según Kyodo.
En Tokio, el seísmo ha sacudido fuertemente e incendiado edificios, según informan las autoridades locales. La noche ha sorprendido allí a numerosas personas atrapadas lejos de sus casas, ya que los transportes aéreos, ferroviarios y por carretera se han visto interrumpidos en la capital y en el noreste del país. En el aeropuerto de Narita, el más grande del país, se han paralizado durante varias horas las operaciones, aunque ya se han autorizado algunos despegues.
Alerta de tsunami en el Pacífico
Quizá lo peor del seísmo ha sido el gigantesco tsunami que ha asolado la costa este de Japón y que ha puesto en alerta toda la costa del Pacífico. Las olas de hasta 10 metros han arrasado con todo a su paso en el noreste de Japón, avanzando sin freno por campos, ciudades, carreteras o aeródromos y apilando toneladas de escombros. La agencia Kyodo ha informado de que la ola ha arrastrado a un barco con alrededor de cien personas a bordo. El ministro de Defensa ha enviado ocho aviones militares que sobrevuelen las zonas más afectadas para comprobar los daños.
La televisión ha mostrado cómo algunos edificios han sufrido incendios en varias zonas de Tokio, como en Odaiba, una zona residencial, o en la zona industrial de Yokohama. Las imágenes muestran también vehículos flotando en el agua después del tsunami en el norte de Japón. En Tokio, el temblor fue tan fuerte que la gente que estaba atrapada en el metro apenas podía mantenerse de pie, según ha relatado un testigo a Reuters.
El aviso de tsunami se ha ampliado a la costa de Taiwán, Rusia, Indonesia, Papúa Nueva Guinea, Hawaii y otros lugares del Pacífico, informa la BBC. La alerta ha sido ya levantada en el archipiélago de Guam y en Hawai no se han medido olas superiores a un metro. Según el Instituto Geológico de EE UU (USGC, por sus siglas en inglés) se están produciendo numerosas réplicas en la zona. Hasta el momento, se han registrado 16 terremotos de magnitud superior a seis grados.
Caídas en los parqués
El violento terremoto se ha sentido también en la economía nipona. El índice Nikkei de la bolsa de Tokio ha cerrado con una caída del 1,72% ante la incertidumbre por los efectos del seísmo, mientras que el yen se ha depreciado notablemente frente al dólar. La mayoría de bolsas europeas está cotizando ligeramente a la baja y Wall Street también ha abierto en negativo.
Los temblores son comunes en Japón, uno de los países con más zonas sísmicas activas, pero también uno de los más preparados. De hecho, además de contar con construcciones seguras, el Gobierno edita cada cierto tiempo manuales con consejos sobre cómo actuar en los temblores, que edita en inglés y japonés. El país tiene alrededor del 20% del total de los terremotos del mundo por encima de los 6 grados en la escala Ritcher. El de hoy ha sido de mayor magnitud que el recordado seísmo que tuvo lugar en 1923 en Gran Kanto, que con una magnitud de 7,9 mató a más de 140.000 personas en el área de Tokio.
El buscador de Internet Google ha puesto a disposición de los usuarios un buscador de personas para contactar con la gente que está en estos momentos en Japón. Está disponible en inglés y japonés.

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lunes, 22 de noviembre de 2010

EE UU intenta pactar fuera de Kioto parte de las emisiones

La Casa Blanca quiere utilizar el protocolo de la capa de ozono contra el cambio climático - Se incluirían sustancias químicas usadas en refrigeración


EE UU ha ofrecido incluir en el Protocolo de Montreal, el exitoso tratado de 1989 que sirvió para prohibir las sustancias que dañaban la capa de ozono, un tipo de sustancias de efecto invernadero, los hidrofluorocarbonos (HFC). Estos químicos, usados en la refrigeración, tienen un alto poder de calentamiento y su uso crece rápido.
EE UU ha ofrecido incluir en el Protocolo de Montreal , el exitoso tratado de 1989 que sirvió para prohibir las sustancias que dañaban la capa de ozono, un tipo de sustancias de efecto invernadero, los hidrofluorocarbonos (HFC). Estos químicos, usados en la refrigeración, tienen un alto poder de calentamiento y su uso crece rápido porque sustituyen a los clorofluorocarbonos (CFC), que ya prohibió el Protocolo de Montreal. La Casa Blanca intenta utilizar un protocolo que no se firmó pensando en el cambio climático, ya que la Cumbre de Cancún, que empieza el lunes próximo, amenaza nuevamente parálisis. China e India se oponen, pero EE UU insiste en usar todos los foros posibles, como el Consejo Ártico, la organización marítima internacional o la de aviación, para suplir el parón sobre el clima en la ONU.
Cerrada esa puerta en la convención de la ONU contra el cambio climático (UNFCCC , en sus siglas en inglés), EE UU cree haber encontrado una ventana. La Administración de Obama, junto con México y Canadá, ha convencido a 91 países (entre ellos los de la UE y los desarrollados) para que el Protocolo de Montreal prohíba en unos años los HFC. La propuesta se vio el pasado 12 de noviembre en Bangkok y, aunque no consiguió el apoyo de los más de 190 países que han ratificado el protocolo, EE UU ha conseguido al menos dar señales de que quiere avanzar en la lucha contra el cambio climático y hacerlo dentro de la ONU.
John Thompson, director adjunto de Política Ambiental del Departamento de Estado de EE UU, ha explicado su postura a un grupo de periodistas europeos invitados por el Gobierno de EE UU: "Sabemos que el Protocolo de Montreal funciona. Es el tratado ambiental más exitoso jamás alcanzado y ha conseguido retirar más del 95% de las sustancias que dañaban la capa de ozono".
Un representante de la Casa Blanca insiste en que no se trata de eludir la UNFCCC, el marco en el que se firmó el Protocolo de Kioto , pero que cada año se avanza más lentamente en la reducción de CO2, el principal gas de efecto invernadero. El año pasado se reunieron en Copenhague más de 150 jefes de Estado y de Gobierno que solo consiguieron una declaración contra el cambio climático tan siquiera refrendada formalmente por la ONU ante la oposición de países como Cuba, Venezuela o Bolivia.
Thompson insiste en que con la vía de Montreal no se quiere enterrar la negociación en Cancún. "Atajar los HFC en el Protocolo de Montreal no resolverá el problema del clima, pero sí son una parte -y creciente- de él. Los HFC suponen alrededor de un 2% del calentamiento", pero serán un 4% en 2020 y un 20% en 2050. EE UU quiere frenar estas emisiones ahora que son bajas porque se pueden ahorrar 90.000 millones de toneladas de CO2 equivalente en 2050. La emisión de HFC crece rápidamente y tiene un potencial de calentamiento entre 140 y 11.700 veces mayor que el del CO2. Sin embargo, su estancia en la atmósfera es de solo 15 años.
Existe el riesgo de desviar la atención de lo importante, el CO2, responsable de la mayoría del calentamiento. Pero hay quien, como Elliot Diringer, del Pew Center de Cambio Climático Global, un centro de estudios en Washington, apoya la idea de EE UU: "La gente tiene que ser realista. No habrá un acuerdo vinculante contra el cambio climático en Cancún ni probablemente en unos años. Así que debemos actuar en todos los foros posibles y el Protocolo de Montreal es uno de ellos". Diringer explica que Cancún debe servir para avanzar en los vagos compromisos adquiridos en Copenhague: de financiación de los países ricos a los pobres, y de transparencia en sus emisiones por parte de las potencias emergentes, como China e India. Las grandes potencias emergentes se oponen. Esperan conseguir mayores compensaciones en la negociación del clima y Thompson admite que el acuerdo no será sencillo: "Hay una fuerte oposición de Brasil, China e India. Prefieren que la acción sobre los HFC quede solamente en la convención del clima, donde las obligaciones sobre estas sustancias son relativamente modestas. Nuestra propuesta deja las obligaciones de la convención intactas, pero usa el Protocolo de Montreal para implantar las reducciones de HFC", añade.
La Administración demócrata necesita algún éxito internacional en la negociación del clima. En el Congreso crece el número de escépticos que creen que el calentamiento es un invento para subir los impuestos. Sin embargo, los demócratas ven que los republicanos difícilmente podrían oponerse a esta propuesta, ya que la Ley de Cambio Climático de Obama, encallada en el Senado, ya lo contemplaba y la oposición no mostró reticencias. Montreal no impone límites por países sino por industrias, con lo que no hay riesgo de deslocalización. Cuando en las cumbres del clima la prensa europea criticaba la actitud de la Administración de Bush, estos a menudo respondían que ellos sí apoyaron el Protocolo de Montreal y que no firmaron Kioto porque no era útil.

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